Casa Borrego Hotel Gastronómico

Hay lugares que nacen con el propósito de hacernos desconectar, de recordarnos el valor del tiempo y, sobre todo, de hacernos disfrutar. El pasado fin de semana tuve la suerte de vivir una de las experiencias más completas y memorables de nuestra Región a día de hoy: una estancia en Casa Borrego Hotel Gastronómico, ubicado en el idílico paraje del Molino de Abajo, en Bullas. 

Casa Borrego Hotel Gastronómico

Concebido como el primer hotel gastronómico de la Región de Murcia y en un antiguo molino de harina del siglo XVIII cuidadosamente restaurado, el proyecto liderado por Salvador Fernández fusiona una cocina de vanguardia de muy alto nivel con un entorno natural privilegiado. A continuación os cuento con detalle nuestra experiencia alojándonos en la suite del hotel y degustando su Menú Molino.

Un antiguo molino de harina del siglo XVIII


El hotel: Un remanso de paz y exclusividad. 

Llegar a Casa Borrego es adentrarse en un oasis de tranquilidad. Aquí no hay ruidos, sólo el murmullo relajante del río Mula y el sonido de los pájaros, por lo que alojarse en una de sus exclusivas seis habitaciones, garantiza una atmósfera íntima y un servicio personalizado. 

Nosotros nos alojamos en la Suite, una amplia habitación diseñada con un gusto exquisito, que mezcla la calidez rústica de la madera con la comodidad del lujo moderno. Tiene unas maravillosas vistas al río, con ese sonido constante del agua que invita al descanso. Y el brocho de oro lo pone su impresionante bañera, perfecta para disfrutar de un baño relajante y salir a cenar como nuevo. Es un refugio idílico para una escapada romántica o simplemente para desconectar rodeado de naturaleza y buena gastronomía.

Suite de 50m2

Su espectacular bañera

Vistas al río



La experiencia gastronómica: Menú Molino

El restaurante es el verdadero eje sobre el que gira el proyecto de Casa Borrego. Salvador Fernández elabora una cocina de vanguardia que respeta la tradición murciana, apostando por el producto local de kilómetro cero. Elegimos el Menú Molino (80 €, bebidas a parte), un viaje en cuatro actos que rinde homenaje a las raíces y a nuestra costa, huerta y monte. 

Espectacular barra a la vista donde terminan los platos


Aquí os detallo los platos que forman parte de cada uno de esos cuatro actos:

El comienzo del viaje



ACTO I "EL ORIGEN"

Este primer acto es un homenaje al Bar Fernández, que regentaban los padres de Salvador, y que era un pequeño bar con una barra metálica donde se servían los aperitivos más típicos de Murcia, que los presenta en este bloque en forma de bocados sutiles y sorprendentes:

  • Caballito de gamba roja: el caballito era el rey del aperitivo en el Bar Fernández y esta es una elegante reinterpretación, con una crujiente más en forma de flor, que rellenan con una crema de gamba previamente confitada como una gamba al ajillo. 

Caballito de gamba roja

La barra Murciana presenta cinco bocados que tampoco pueden faltar en un buen aperitivo:

  • Marinera: un bocado perfecto, con el encurtido por separado rematando junto con la anchoa.
  • Bombón de queso al vino D.O. Murcia: Una explosión líquida en boca, con el toque láctico del queso y potenciado por el vino. 
  • Lomo de orza en tartar: una forma interesante de modernizar la orza tradicional, con una textura mucho más fina, pero manteniendo el sabor.
  • Hueva de Mújol: una galleta con almendra rellena de una deliciosa hueva de mújol con una curación mínima que se deshace en el paladar.
  • Buñuelo de ajo harina: un bocado muy untoso por dentro y con todo el sabor de unas gachasmigas. 
Barra Murciana


Finalizamos este acto con otro bocado que no puede faltar:
  • Pan, jamón y tomate: Cuando llega a la mesa piensas que dónde está el jamón, pero esta ahí junto una gelificación de tomate con una hojita de orégano y una focaccia con AOVE, en forma de mantequilla que hacen con una emulsión de la grasa del jamón.
Pan, jamón y tomate

ACTO II "AGUA"

El menú viaja hacia la costa con unas técnicas impecables:

  • Quisquilla, caldo y su emulsión: un plato perfecto que trabaja con una técnica diferente cada parte de la quisquilla, el cuerpo en crudo con su textura tersa y mantecosa y su intenso sabor a mar, una sedosa emulsión hecha con la piel y rematada con un caldo profundo y marino hecho con su cabeza.
Quisquilla, caldo y su emulsión

  • Espagueti de sepia y su fritá: un sorprendente trampantojo donde con la sepia coagulada consiguen un único y tierno espagueti, acompañada de una especie de boloñesa que hacen con sus patas.
Espagueti de sepia y su fritá
  • Bacalao desalao, pilpil de codium y rin ran: unas lascas de bacalao desalado a baja temperatura, muy jugoso, cuyo sabor potencian con un pilpil de alga codium en polvo y un tradicional rin ran con patata y pimiento choricero.
Bacalao desalao, pilpil de codium y rin ran

ACTO III "HUERTA, TRADICIÓN Y MONTE"

El bloque más potente y con mayor arraigo al entorno:

  • Calabaza y mantequilla ahumada: un plato fascinante, donde el dulzor de la calabaza en forma de flan, conjuga perfectamente con el toque ahumado de la mantequilla y el matiz salado de las huevas de trucha.
Calabaza y mantequilla ahumada


  • Migas vegetales: cuesta creer que no lleven nada de harina, pero son migas de coliflor, que al hacerlas en el aceite de los ajos tiernos y el pimiento, consiguen toda la textura y sabor de unas migas tradicionales. Y como en aquella zona les gusta acompañar con mucha cebolla, aquí lo hacen igual, consiguiendo también una emulsión que es puro umami.
Migas vegetales

  • Empanadilla de caza y brocheta de perdiz: una crujiente empanadilla con un sabroso relleno de conejo y perdiz roja, acompañada con una crema de verduras y una brocheta hecha con un tataki con la pechuga de la perdiz.
Empanadilla de caza y brocheta de perdiz

  • Lomo de ciervo, boniato ahumado y bombón de sus interiores: El plato más contundente del menú, con una carne en su punto perfecto, increíblemente tierna y con su típico sabor a caza, que contrastaba con el dulzor del boniato y que alcanzaba su cenit con el potente bombón de sus interiores, con una textura como un paté de caza.
Lomo de ciervo, boniato ahumado y bombón de sus interiores

ACTO IV "LA ÚLTIMA COSECHA"

Terminamos el menú con la parte dulce:

  • Dulce territorio: un homenaje a la tierra, con un bombón de chocolate relleno de peras al vino, una galleta con almendra marcona y un agua de pera.
Dulce territorio


  • Churros con chocolate: un toque divertido y nostálgico, con unos churros que parecen como chanquetes, que se comen como palomitas y que nunca quitan del menú.
Churros con chocolate

  • Pequeños dulces: unos petit fours en forma de roca de chocolate, torrija de Bullas y unas deliciosas croquetas de arroz con leche.
Pequeños dulces

Un lugar con alma:

Además del alto nivel en cocina o la comodidad de las habitaciones, lo que termina de hacer que la experiencia en Casa Borrego sea sobresaliente es el factor humano. El servicio es impecable, cercano y profesional. En ocasiones en este tipo de restaurantes el servicio es extremadamente protocolario y la concentración de los comensales crea una atmósfera silenciosa y tensa; aquí no es el caso. Evaristo, su jefe de sala y sumiller, nos trató estupendamente desde el primer minuto. Su conocimiento del terreno es fascinante y se nota la pasión por su trabajo. Siguiendo su recomendación, probamos el vino de Bullas "Vid Salvaje", una garnacha que maridó a la perfección con los matices del menú. 

Vid Salvaje



También tuvimos el placer de conocer a Sergi, el segundo de cocina, que salió a presentarnos algunos de los platos, explicándonos el concepto que hay detrás de cada elaboración.

Además, hay un detalle muy bonito al final, cada uno de los cuatro actos del menú conforma un cuadro artístico que, al finalizar la experiencia, te lo puedas llevar a casa como recuerdo.

El cuadro con los cuatro actos del menú


Y os dejo un consejo final. Uno de los momentos más mágicos del día ocurre justo antes de sentarse a la mesa. Os recomiendo tomar un gin tonic bien preparado o una cerveza bien fría al fresquito del atardecer. Podéis hacerlo en su encantadora terraza o, mejor aún, bajando a una de las mesas de abajo que están prácticamente pegadas al río. Disfrutar de ese trago con el sonido del agua de fondo y la luz cayendo sobre la naturaleza es el preludio perfecto para la cena que os espera.

Veredicto final:

Casa Borrego no es solo un hotel donde dormir cómodo y comer muy bien, es un destino en sí mismo. Salvador y su equipo han conseguido crear el espacio perfecto, con alma, donde la desconexión es real y la gastronomía se disfruta al máximo. Si buscas una escapada para celebrar, darte un homenaje o reconectar con la gastronomía murciana desde una perspectiva de autor, este es tu sitio.

Como bien pone el menú, "de Bullas se sale deseando volver".

De Bullas se sale deseando volver






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